Fuegos artificiales de Calamity

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Calamity75
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Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor Calamity75 » Mié Abr 20, 2011 7:18 pm

Pues nada, que me traigo los fuegos al foro. Esta vez los iré colgando poco a poco, así que si echais de menos alguno en particular... paciencia, please. Ya llegarán, espero.
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Re: Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor Calamity75 » Sab Abr 30, 2011 2:24 pm

MALAS NOTICIAS

Es de noche en la Villa. Águila Roja está subido al tejado de su casa. Parece vigilar la ciudad, como siempre, sin embargo su cabeza está en otra parte. Rememora una y otra vez los sucesos pasados apenas unas horas antes en el comedor de su casa. De nuevo vuelve a entrar, encontrando a Margarita junto al fuego, como en sus sueños. Se acerca. Sabe lo que va a ocurrir y trata de hablar primero, de decirle que la quiere, que no puede vivir sin ella, de pedirle que se desdiga y no acepte la proposición de matrimonio de Juan…
Pero es imposible cambiar el pasado. Lo hecho, hecho está. Se reconcome por dentro. ¡Ojala la hubiera abrazado, besado antes de irse! ¿Habría cambiado algo? Probablemente no. Si Margarita ha decidido casarse con Juan, será por que lo quiere. No puede imaginar, no quiere creer, que Margarita sea una casquivana que acepta a un hombre por su dinero o por conveniencia. Una vez lo creyó y vivió lamentándolo para siempre. Hasta que encontró a Cristina. Ella fue un bálsamo para su corazón herido. Supo recomponer los trozos de su alma atormentada por la culpa y el odio. ¡Fue tan feliz a su lado! Aún con todo, los dos sabían que el rencor que sentía por Margarita siempre estaría allí, en medio de ellos. Acabaron por evitar su nombre tanto como su persona. Ambos sabían que, si sus vidas volvían a cruzarse, todo lo que habían construido juntos saltaría por los aires como un polvorín.
Lágrimas de culpa acuden a sus ojos. Desde que Margarita regresó a su vida, se fue metiendo poco a poco en su corazón. Igual que cuando eran niños. Quizás esos sentimientos siempre estuvieron allí. Nunca desaparecieron. Sin querer, el dolor por la muerte de Cristina se fue disipando hasta convertirse en parte de su ser. Lamentaba su perdida, la echaba de menos, pero tenía tantas razones para seguir adelante.
¡Culpable! ¡Culpable! Se sentía tan culpable: por seguir vivo, por no haberla vengado matando a su asesino, ¡su hermano! Por sentir de nuevo el ansía del enamorado que desea volver a casa para ver a su amada, que se acuesta pensando en ella y se levanta con ella en el pensamiento. Como si fuera el primer amor, también sentía el dolor con esa misma intensidad. Perderla otra vez iba a acabar con lo poco que le quedaba de ilusión.
Nada en la noche parece presagiar lo que va a ocurrir. De repente se oye un disparo que rompe la calma. Águila Roja se levanta y avanza por los tejados tan rápido como puede sin hacerse notar hacia la zona desde donde ya se empieza a oír jaleo. Agazapado en las sombras ve cómo Hernán, tendido en el suelo, parece herido aunque no de gravedad. Se me mueve y se queja pero no parece correr peligro. Los guardias a sus órdenes corren, sin orden ni concierto, de un lado a otro, en un caos completo. Hernán ladra más que dirige y les señala hacia arriba. Por un momento, Águila cree que le han visto pero pronto comprende que señalan las galerías de la planta superior del mismo edificio donde se oculta. Quizás el tirador se encuentra aún allí, agazapado. ¿Pero quién en su sano juicio intentaría atentar contra la vida del Comisario? Fallar es prácticamente una sentencia de muerte. Tiene que bajar sin que le vean y tratar de ayudar a ese pobre desgraciado a huir o si no el Comisario acabará con su vida de una forma muy desagradable. Pensar eso y acordarse de Cristina, moribunda en la nieve, hacen que Águila apriete los dientes y busque el momento oportuno para escabullirse y bajar a la galería. Lo salvará de las garras de Hernán cueste lo que cueste. Mientras tanto Hernán es atendido por uno de sus guardias. Trata de señalar de donde vino el disparo, aunque no lo tiene muy claro. Sólo puede indicar una zona indeterminada en el edificio de enfrente. Cuando sus guardias miran sólo ven un "bulto" sin forma que no ocupa mucho: ¿un cuerpo agachado? ¿una canasta de ropa? Tienen sus dudas, no obstante irán a cerciorarse. ¡Cualquiera desobedece una orden directa del Comisario Hernán Mejía!
Águila aprovecha que ni Hernán ni sus hombres miran por unos instantes hacia allí y se descuelga del tejado hacia la barandilla de madera. Con un suave balanceo, cae en el interior de la galería con apenas un sonido sordo del roce de sus suelas con la madera del suelo. Quieto en la oscuridad percibe más o menos lo mismo que los guardias: un bulto en las sombras, muy pequeño para ser un hombre ¿una mujer? Sabe que está vivo por que lo ve respirar, ve como apenas fluctúa su perfil subiendo y bajando al compás de una respiración agitada. El miedo por haber fallado. Sigilosamente se acerca hasta quedar a poco más de un brazo de distancia. Espera el momento oportuno de cogerlo evitando asustarle y que les descubran. Lo que no espera es que el bulto se mueva hacia él, de espaldas, agachado, como a gatas. De repente, la luna entre los tejados proyecta un inoportuno haz de luz que los ilumina.
-¡Allí, Comisario, allí! ¡En la galería de la izquierda!
Maldición, los han visto. Agarra sin dilación a la persona que tiene delante y cuando le ve el rostro siente como si el suelo desapareciera bajo sus pies. ¡Alonso! No puede creer lo que está viendo, ¡su propio hijo ha intentado matar a un hombre! ¡Al Comisario!
-¡Águila! ¡Qué alivio que seas tú! ¡Sácame de aquí, por favor, te lo suplico! ¡No dejes que me atrapen! ¡Me matará! -No es momento de pararse a pensar. Envuelva a Alonso con su capa y corre veloz hasta el extremo contrario de la galería ya que los guardias están apunto de cogerlos. Sube de un salto a la barandilla y con una sola mano se agarra al alero del tejado-. ¡Trepa, Alonso, por lo que más quieras trepa y date prisa!
Mientras Alonso sube al tejado, Águila se revuelve y, sin bajarse de la barandilla, frena como puede las acometidas de los guardias. Apunto está un par de veces de caer a la calle pero su equilibrio y su agilidad debidos a años de duro entrenamiento le salvan en el último momento.
-¡Al tejado, al tejado! ¡Se escapan por el tejado! –Los gritos de Hernán llegan desde la calle. No puede permitir que el Comisario le ponga de nuevo una mano encima a su hijo. Despacha al último guardia y con un esfuerzo hercúleo sube hasta el tejado. A pocos metros, agazapado detrás de una chimenea y muerto de miedo, le espera su hijo. Lo tapa con su capa para evitar que le vean el rostro y lo descubran. Algo le dice que no lo han visto bien, solo alguien que escapaba pero no saben su identidad. Al menos eso es lo que espera y desea. Águila huye con Alonso por los tejados rezando en su interior por no estar equivocado.
Los soldados los persiguen pero sin el liderazgo de Hernán los pierden en seguida. Aún así Águila no se confía y saltan de tejado en tejado, descansando a ratos, para evitar que vuelva a recuperar su rastro. Finalmente, después de dar varias vueltas por los tejados para asegurarse de que han despistado a los esbirros del comisario, Águila y Alonso llegan al tejado de su casa. Alonso está asustado, por lo que ha hecho, por las consecuencias que podrían haber tenido sus actos y por que presiente que su héroe está furioso. Percibe la rigidez de su espalda y la dureza de sus gestos. Apenas le ha dirigido la palabra.
-Águila, yo…
-¿En qué estabas pensando? ¿Es que estas loco o qué? ¿Qué pretendías? ¿Matar al Comisario? ¿Te das cuenta en el lío que podías haberte metido? ¿En el que te has metido?
-¡Quería vengar a mi madre! ¡Ni tú ni mi padre habéis sido capaces! ¡Me lo prometisteis! ¡Los dos! ¡y no habéis cumplido! –Alonso solloza destrozado. Águila apenas soporta verlo así, más después de oír el dolor que inunda el corazón de su hijo. Le ha fallado, como padre y como héroe. Antes al menos sabía que, aún sin que el niño lo supiera, le admiraba como guerrero.
Agachándose a su lado, Águila rodea con su brazo los hombros de Alonso y lo atrae hacia su pecho. Acunándolo, lo consuela con apenas un hilo de voz-: "No sé qué te diría tu padre pero dudo mucho que te dijera que mataría al asesino de tu madre. ¿Qué quieres? ¿Que se enfrente al comisario? ¿Sabes que podría morir? Si no en la lucha, después. Matar a un comisario no puede quedar sin castigo. ¿Eso quieres? ¿Que tu padre también muera? ¿Que harías entonces? –Águila siente como Alonso redobla sus sollozos. Está siendo demasiado duro con él y ya a pasado por lo suficiente esta noche-. Te prometí que encontraría al asesino de tu madre, y lo he hecho.
Alonso levanta la cara, arrasada en lágrimas, hacia su héroe-: Entonces ¿porqué no acabas con él?
-¿Y en que me convertiría eso? En otro asesino como el comisario. Ya no podría ayudar a nadie más. Los asesinos no ayudan al pueblo. Tu madre estaba en el sitio equivocado, en el momento equivocado. –Tragándose la rabia, Águila trata de mostrarse sereno ante su hijo. No quiere que piense que la muerte de su madre ya no le duele, pero tampoco quiere que crezca en el odio y en le rencor. Necesita que sea un niño feliz, por él, por su madre… En ese preciso instante, toma una decisión-: Lo siento, siento la muerte de tu madre más de lo que te puedes imaginar. Pero vengarla no es tan sencillo. El asesinato de tu madre forma parte de una terrible historia en la que hay mucha gente implicada. Algunas personas tienen mucho poder, como el Comisario Mejía, y no se puede ir a por ellos así como así. Recuerda que los nobles no suelen pagar por sus culpas, como si tuvieran inmunidad para hacer lo que quieran...
-Pero para eso estas tú, para ajustarles las cuentas y defendernos al pueblo. –Alonso le interrumpe con el ansia de la esperanza. Águila sonríe con tristeza para sí debajo de su máscara. Se alegra de que a su hijo se le haya pasado un poco el miedo. No se engaña. Lo pasara muy mal en los próximos días pero es un muchacho fuerte y saldrá adelante.
Lo intento, Alonso, lo intento. Pero tienes que tener paciencia. Para hacer pagar a los culpables hacen falta pruebas claras. Y en el caso de la muerte de tu madre, ni tu padre ni yo las tenemos. Sólo sabemos que el Comisario es culpable, pero nada más. De momento no podemos hacer más, Alonso, y debes aprender a vivir con ello. Sigue mi consejo: guarda el recuerdo de tu madre en tu corazón y sigue adelante. Crece, estudia, hazte un hombre de bien, honra la memoria de tu madre. –Ante el aspecto abatido de Alonso, Águila intenta un último paso que puede decidir su futuro-: ¿Sabes? Creo que tu padre debería hacer lo mismo, pero no lo va a tener fácil. Se ha quedado solo…
-Solo, no. Nos tiene a mí y a Satur, ¡y a tía Margarita!
-Alonso, ayuda a tu padre. ¿Lo harás?
-Te lo prometo.
Águila le revuelve el pelo antes de mandarlo de vuelta a su casa. Una vez sólo, lentamente, se quita la máscara y la capucha. Ha sido una noche muy, muy larga. Ahora tendrá que esperar al nuevo día para ver si los actos de Alonso tienen consecuencias. Lo único que tiene claro en ese momento, es que los de Margarita si tendrán.
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Re: Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor Calamity75 » Sab Abr 30, 2011 2:27 pm

NOCHE TOLEDANA

Gonzalo está harto de quedarse en casa, solo. Se le cae encima porque Margarita ya no está viviendo con ellos. Dado que su compromiso con Juan es oficial, Lucrecia se ha ofrecido a mantener el buen nombre de su amiga hasta la boda y la ha invitado a quedarse hasta la fecha del enlace en palacio.
Cuando Gonzalo llega a la taberna del Cipri se encuentra acodado en la barra a Hernán. Despechado por los sinsabores de su relación con Lucrecia y debido a su decaído corazón (y lo que no es corazón ni está decaído) que la reclama, el comisario ha decidido acabar con las remesas de vino de Navalcarnero de Cipri. De esa guisa lo encuentra nuestro Gonzalo y decide sentarse en el taburete libre. Mira al comisario y le pide a Cipri: "Ponme lo mismo que esté tomando él" El comisario le mira y responde "Invito yo".
Alternando invitaciones, beben en silencio. Los dos sospechan el dolor del otro (lo de Margarita es vox populi y que el comisario ya no está convidado al lecho de la marquesa... es la comidilla de la villa) Finalmente, y sin saber quién ha empezado, se encuentran despotricando de las mujeres en general y de sus amadas en particular:
H: ...y ni siquiera tiene en cuenta tooooodo lo que he hecho por ella...
G: ...y se va con él tan campante, claaaaaaaaro como es nooooobleeeee....
(y siguen vaso tras vaso, jarra tras jarra)
H: ...seguro que ahora mismo está echándome de menos... nadie puede igualarme...
G: ...y entonces ella me besó, ¿te das cuenta?, ¡me besó! ella, a mí, vino y me besó...
De repente se miran y sin decirse nada acuerdan seguir un plan parejo. Salen riéndose a carcajadas de la taberna del Cipri y emprenden el camino hacia el palacio de la marquesa, con paso bamboleante, a veces algo inseguro, el uno abrazado al otro, entonando desafinados "Asturias, patria querida".
Al llegar a palacio, Gonzalo no sabe si llamar al sereno o saltar la verja. Hernán le indica la entrada secreta que lleva directamente al ala de los dormitorios. Una vez dentro del palacio, Hernán va directo a la habitación de Lucrecia ("que morro tienes, como tú te sabes el camino" Gonzalo dixit) mientras Gonzalo va de puerta en puerta, asomando la cabeza a ver si distingue una melena oscura apoyada en la almohada. Cuando la encuentra, le entra la risa floja por lo bajini al pensar que el medicucho ese no tiene nada que hacer. A ver quien va a preferir un pequeño bisturí frente a su... ¡katana!
¿Y cómo despertarla? A lo príncipe azul: Gonzalo camina sigilosamente hasta llegar a la cama donde descansa Margarita. Como hace buena noche, no se ha tapado del todo y el cobertor sólo le llega a la cintura. Gonzalo queda hipnotizado unos interminables segundos con el vaivén del pecho de Margarita al respirar. Arriba, abajo, arriba, abajo... Cuando logra salir de su ensoñación, se acerca hasta el borde de la cama y se sienta muy despacio para no despertar a su dama. Quiere recrearse un momento la vista en ese rostro que le persigue en sus noches en vela. Margarita parece que intuye algo porque se remueve aunque no llega a despertarse. Ahora su rostro está levemente ladeado hacia Gonzalo y sus labios se han entreabierto en un suspiro no finalizado. Gonzalo acaricia su pelo y, apoyando las manos en la almohada, avanza con estudiada lentitud, observando cada posible reacción de Margarita hasta aposentar sus labios en los de ella. Un beso suave y lánguido que apenas la despierta.
M: ¿Qué...? Gonzalo, ¿eres tú? ¿Pero qué...?
G: Ssssshhhhh... Sí, soy yo... ssshhh... no hace falta que te despiertes... solo dejate llevar...
¿Y si eso no funciona? A lo machote desesperado: Gonzalo camina sigilosamente hasta llegar a la cama donde descansa Margarita. Como hace buena noche, no se ha tapado del todo y el cobertor sólo le llega a la cintura. Gonzalo queda hipnotizado unos interminables segundos con el vaivén del pecho de Margarita al respirar. Arriba, abajo, arriba, abajo... Cuando logra salir de su ensoñación, se acerca hasta el borde de la cama y empieza a desvestirse. Menos mal que las camisas escotadas son fáciles de desabrochar, básicamente por que no tienen apenas botones y para botones no está Gonzalo en ese momento. Aparta la cubierta con mucho cuidado y se desliza cual ninja sigiloso entre las sabanas. Por un momento se queda mirando a Margarita, velando su sueño porque quiere recrearse un momento la vista en ese rostro que le persigue en sus noches en vela. Margarita parece que intuye algo porque se remueve aunque no llega a despertarse. Ahora Gonzalo tiene un problema ya que Margarita ha deslizado su cuerpo hasta quedarse a apenas unos centímetros de su inhiesta virilidad. Apenas puede controlar su respiración y siente la sangre palpitar en sus sienes. Si no logra dominarse, se abalanzará sobre Margarita, probablemente asustándole y echando al traste todo su plan. El rostro de Margarita está levemente ladeado hacia él y sus labios se han entreabierto en un suspiro no finalizado. Gonzalo acaricia su pelo y, apoyando los brazos alrededor de su cuerpo, acepta esa evocadora invitación con la esperanza de alcanzar un paraíso mayor. Avanza con estudiada lentitud, observando cada posible reacción de Margarita hasta posar sus labios en los de ella. Un beso suave y lánguido que pronto se convierte en un ataque avasallador al fortín que desea fervientemente conquistar. Margarita apenas tiene tiempo de despertar.
M: ¿Qué...? Gonzalo, ¿eres tú? ¿Pero qué...?
G: Ssssshhhhh... Sí, soy yo... ssshhh... no hace falta que te despiertes... solo dejate llevar...
...Al ir a replicar, Margarita comete el error de entreabrir los labios, lo que permite a Gonzalo entablar batalla dentro mismo de su boca. Esa lengua audaz y subyugadora la deja sin aliento, pero solo unos instantes. Tímidamente al principio, con osadía después, no solo le planta cara sino que traslada la liza a terreno contrario. Gonzalo se encuentra sorprendido del arrojo de Margarita para sentirse complacido más tarde al ver que sus noches de soledad han terminado... de momento.
Satur entra en el cuarto del amo para descorrer las cortinas. Anoche debió llegar tarde porque no le sintió entrar como otras noches. Tanteando para no tropezar con los muebles y romperse la crisma, llega hasta la ventana. Por fin la luz se abre paso en el interior del dormitorio. Cuando Satur se gira hacia la cama, da un respingo. Cualquiera diría que esa noche el amo ha peleado con todos los demonios del infierno. La cama está revuelta en un lío de sabanas. Satur adivina a duras penas dónde está su amo puesto que en la cabecera de la cama se ven sus pies asomando bajo el batiburrillo de ropas y a los pies se adivina la cabeza y algo más. Con curiosidad y mucho cuidado, Satur levanta la sabana para descubrir que ese algo más es el almohadón que su amo usa para descansar su ocupada cabeza. Sin embargo ahora no la descansa, más bien se diría… ¡que se la está comiendo a besos! Satur no sabe dónde meterse. No es la primera vez que lo pilla en esa tesitura, pero cada vez va a más. Hemos pasado de suspiros, de “Margarita, ¡ven y bésame!” a gemidos ardorosos y besos apasionados a una funda rellena de plumas de ganso. Finalmente, Satur decide dejar al amo entusiasmado con su faena y marcharse a emprender las suyas.
-En una de estas se nos queda así para los restos. Si es que esto no puede ser sano, no señor. Más le valdría ponerse así de fogoso con la de verdad que seguro que se queda más a gusto que con la de tela.
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Re: Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor Calamity75 » Sab Abr 30, 2011 2:28 pm

SATUR, PEPITO GRILLO

-Amo… Aamoo... ¡Amo! –Gonzalo da un respingo en la silla mientras Satur se le acerca refunfuñando-. Amo, vamos a ver, ¿es que no piensa probar bocado o qué? Que últimamenteeee no está usted comiendo como antes, yyyy… no es que me quiera meter donde no me llaman perooo… pero me meto, amo, me meto. Que esto ya pasa de castaño a oscuro, que ya está bien, hombre, que no se puede vivir así, todo el día como mustio, oiga…

-Ya vale, Satur, ya vale.

-Ya vale, ya vale, desde lueeeegoooo… Pues no vale, no vale. Vamos a ver, amo… -Satur mira a un lado y a otro para comprobar que están solos-. Que no se da cuenta que lo que hace, vamos lo que no hace, quiero decir… bueno usted ya me entiende, ¿nooo?

-Satuuuuuuur…

-Que sí, que sí, que lo quiero explicarle es que no es sano, no-es-sano, ¿eeeeh? Que antes, pase, con lo de su difunta esposa y la Logia, entiendo que no estaba para otros menesteres… y con la cuñada de usted, por casa, con esas carnes prietas, esos pechos solventes, esas posaderas sevillanas…

-¡Satur! ¡Déjalo ya! Te he dicho miles de veces que entre Margarita y yo no ha habida nada, nunca… ni lo habrá…

-No lo habrá… por que usted no quiere. –Satur arrima una silla a la mesa donde está servido el almuerzo. Gonzalo marea la comida en el plato antes de apartarla de sí y recostarse contra el respaldo de su silla a la espera de la nueva andanada que le va a enviar su criado-. Si yo lo que digo es que no tire la toalla. Que podría “pedir” ayuda, usted ya me entiende ¿eeeeh?

-Pedir ayuda a quién, Satur, que no dices más que tonterías.

-No son tonterías, amo, no son tonterías. Ya sé que una vez le dije que no la enredara, que si la enamoraba deee… usted ya sabe quién… la iba a liar parda. Pero eso fue porque los pillaron en el tejado… ¡y casi acaban con el cuello más largo que las piernas! ¡Y yo haciendo de padre y madre de la criatura! Que no, amo, que no, aquello no tuvo gracia ninguna. Perooo… si fuera más discretooo… podría darle algún consejo a su cuñada de usted, ya sabe, ¿de qué conoces a ese hombre? ¿seguro que es lo que parece? ¿y que pasa con tu familia?... digo, es un suponer, también puede no decirle nada e ir directamente al grano…

-¡Satur! Mira, vamos a hacer como que no hemos tenido esta conversación.

Gonzalo se levanta y se va a su dormitorio. Satur sabe que no va a descansar precisamente. Poco después puede oír las tenues pisadas de su amo sobre su cabeza.

-Este hombreee… un día de estos se nos pone enfermo. Si es que no se puede retener tanto, que no es saaano… Como no se arrime prontooo… en una de estas se pasa de carga y no levanta el vuelo. ¡Y más vale que sea con la cuñada, que como sea con el fraile, aviados estamos! Tendremos que echarle una mano. Si pudiera convencer a Alonso… de que lo mejor para todos es que su padre y su tía… pero como el chiquillo es más tozudo que una mula… en fin, si no fuera por el tito Satuuur… que sería de esta familia.
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Re: Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor moli » Vie May 06, 2011 12:03 pm

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Re: Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor Calamity75 » Mar May 17, 2011 4:07 pm

Gracias por tus piropos, Moli, y me alegro mucho de que te hayan gustado estos fuegos.
Pensaba añadir uno nuevo entre los ya publicados y otros que ya lo fueron en su tiempo, pero estoy algo dudosa. Lo malo es que entre que me lo pienso y no, pasa el tiempo, y apenas participo 2912avp
Menos mal que ya queda menos y algún día, no muy lejano, el tiempo libre volverá a mi vera jejeje
Prometo seguir....
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Re: Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor Gabriela Malatesta » Jue May 26, 2011 8:09 pm

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Re: Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor Bibitt » Jue May 26, 2011 8:32 pm

Eso digo yo, a ver si ahora con las vacaciones, os animáis todas y escribis que estamos deseosas, que la sequía se vuelve desesperante :?
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Re: Fuegos artificiales de Calamity

Mensajepor Arya » Vie May 27, 2011 5:06 pm

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